viernes, 7 de julio de 2017

Oda al pelo

¿Han notado la relación pelo-emoción?
Si andas estresado, se te cae el pelo. Si andas feliz, lo tienes brilloso (¿se le vino a la mente algún recuerdo con eso? conchinon(a)!), si andas deprimido o enfermo no lo cuidas ni lo peinas, si te sientes divino/a le echas hasta el producto más inútil de la vida... y así. La ecuación es simple:

Pelo = imagen = estado emocional 

¿Han notado que cuando tenemos algún conflicto emocional y estamos saliendo del hoyo lo primero que hacemos es un cambio de look? Las mujeres somos expertas en eso (los hombres generalmente son más prácticos, por eso los amo).

Hoy le vengo a hacer una oda a mi pelo. Quienes me conocen hace años tuvieron la (des)fortuna de conocer los veintemilochocientostreintaynueve cambios que le hice a mi pobre pelo: cortes, rapadas, más cortes, tinturas, blondon, más tintura, más blondon, más corte, más tintura, rojo, negro azulado, negro, rojo, amarillo, rojo, negro, castaño, rojo y negro y cortes y...uff.. no sé como no quedé pelada. A mi favor puedo decir: los amé a todos y no me arrepiento de ninguno.
Todo muy ligado al contexto histórico-emocional de aquellos tiempos :)


(**Gracias blogger por dejarme la zorra con las fotos! ¬¬)

La última vez que lo tuve largo largo fue cuando estaba embarazada, desde entonces me perdí, la culpa fue mía, pues no pensé que yo aún lo quería. Hoy... hoy mi pelo está más largo que nunca. Medio feo, porque yo no sirvo pa' andar weando en peluquerías ni echarle keratina ni alisados y esas vainas locas (lo intenté, pero me duró poco), pero está laaaargo, natural, hermoso.
Cada centímetro es una cicatriz en el alma :)

Puede decirlo con confianza: Estoy como el vino. Salud.