"...Entonces te levantás y lo mirás.
Te das vuelta, dándole la espalda
tratando de tomar el valor para decírselo.
Volvés a mirarlo, te acercás y te sentás sobre él.
Lo mirás a los ojos, esos ojos pardos que te envuelven.
Tocás su rostro... y cada segundo frente a él es una eternidad.
Tomás aire para decir la primera palabra de ese fin,
"no lo digas", se te adelantó,
y vos callaste... callaste".