martes, 16 de enero de 2018

#Empápate

Por estos días en que todos están "empapados" por lo de la visita del Papa, he estado dándole vueltas a esto que todos tanto hablan: tolerancia y respeto.
Todos nos decimos tolerantes y todos nos decimos respetuosos hasta que nos toca enfrentar a alguien que piense diferente a ti "el respeto es la base de todo", sí, sí, sí... pero basta que un otro nos diga algo que no nos gusta pa' dejar de respetar.

Varios saben que estuve (estoy, sí, sí, aún estoy) enamorada de un hombre increíble que, entre otras cosas maravillosas que tenía, era un fanático católico creyente en Dios. Muchos me preguntaron (y me siguen preguntando) cómo sucedió eso, considerando mis creencias y mi rechazo a las religiones. Mi respuesta siempre es la misma: porque no es un tema trascendental para mí y puedo ceder, porque es una de las cosas que más admiro de él y porque soy la no católica más católica que conocerán en sus putas vidas. Una de mis mejores amigas me preguntó una vez "¿y si te invita a ver al Papa?" juro que mi respuesta fue, sin dudar, un tajante "voy". Es que ¡de verdad hubiese ido! Aunque eso significara levantarme a las 4am, ¡hubiese ido! No por ver al Papa, sino por él, porque sé cuánto significa para él y si quería que estuviera acompañándolo, ¡lo haría! Pero nunca llegamos a eso jajajaja nunca llegamos a nada. Según me hizo ver, yo vivo esta moda que hay en Chile de no creer en Dios (sí, moda. ¿ve? Intolerancia, como si yo le hubiese dicho que está pasado de moda de creer en historias de más de 2000 años😭🤷🏻‍♀️)... y bueh! El resto es una triste historia que se suma a mis fracasos amorosos.

El caso de todo esto es que... he leído redes sociales y las distintas versiones que se viven con esta visita. Los opositores criticando y aferrándose a temas económicos, a la paralización del país y a los temas controversiales a los que ha estado expuesta la Iglesia católica en Chile; en tanto, los simpatizantes emocionados y alegres se tiran encima de los primeros intentando defenderse desde su fe y el tan manoseado respeto.
Me cuesta tomar una postura, me cuesta estar en un lado u otro, estoy al medio. Al fin y al cabo, el evento lo veo como un hecho histórico y político que debe suceder no más, no me genera nada espiritual, no cambiará mi vida (excepto por la anécdota que tendré pa' contarle a mis nietos, fuck yeah! siempre dejando recuerdos al estilo Vásquez jajajajaja).

Por años intenté vender la pomada de que soy tolerante y respetuosa y la verdad es que no. Soy una amante de la libertad sí, amo mi libertad de elección, mi libertad de amar, mi libertad de decir y de callar, mi libertad de hacer lo que me dé la puta gana. Y así como amo mi libertad, intento amar la libertad de otros. Si usted es feliz con el Papa, disfrútelo! Si usted no es feliz con el Papa, alegue (con fundamento)! Si usted quiere abstenerse a opinar, absténgase! Somos libres, cabros. Somos libres de sentir, de pensar, de elegir, de vivir. Mi convicción de libertad está por sobre dioses y personas. Mi libertad me dirige y a ratos me quita tolerancia y respeto, porque ¿saben qué? Soy ser humano, y también tengo derecho a sentir cosas no aceptadas por la sociedad.

-Fin del comunicado-