lunes, 8 de junio de 2015

Carta al niño que me gusta...

Primero que todo, niño que me gusta, no quiero que creas que ando pregonando por aquí (aunque todo indica de que sí... y en el fondo de mí corazón así es, pero tú debes convencerte de que no, porque sí, porque al final, así debe ser).

Quiero que sepas que no sé cómo, dónde ni cuando, llegará el día en que nuestras miradas se cruzarán y la eternidad nos envolverá... ¿o será que ya sucedió? ¿lo recuerdas? Aquel día en que nuestros cuerpos en contacto con suaves caricias se unieron y tus ojos que me miraban fijo reflejaban temor y confusión mientras yo intentaba transmitirte paz y todo el amor que siento por ti ¿lo recuerdas? Ese mismo día, cuando el silencio fue nuestro mejor aliado mientras mis manos recorrían tu rostro y mis dedos se entrelazaban entre tu pelo y tu barba, esa barba (¡esa barba!) ¿Lo recuerdas ahora? Ese día, ese mismo día en que volamos a encontrar un mundo que nos dejara soñar en libertad, sin represiones, sin tabúes, sin temores, sin restricciones tomados de la mano en busca de nuestros destinos. Yo creo que ese día se convertirá en el inicio de una historia que quisiera no tuviera fin.

También, niño que me gusta, quiero que sepas que lo lamento demasiado por ti, pero... te escogí. Sí, te escogí. Después de tantos intentos fallidos, esos que siempre creí que me servirían para algo (aunque me hicieran sentir vacía y desconsolada), cuando comenzaba a creer que aún faltaba demasiado tiempo para encontrarte, en ese momento, te escogí. Y mi elección no fue al azar ¡lo juro! y es que... si te escogí es porque no eres cualquiera. Hay muchos que son mejores que tú que andan dando vueltas por mi alrededor pero, ¿sabes? ninguno se te iguala. Yo, por algunas cuantas razones que te puedo enumerar, te escogí a ti y deberías saber que eres un afortunado. Para cuando estemos uno frente al otro te diré, si así lo quieres, todas esas razones para que te convenzas que eres el mejor (para mí).

Ay, niño que me gusta! No puedo dejar de mencionar que desde el día en que supe que serás mi compañero de vida me he proyectado contigo. Ya no existe un yo (y un "mini yo") sin un tú. ¡Pero no te asustes! No quiero que creas que haré de ti mi mundo y ¡que mi vida girará en torno a ti! ¡Claro que no! Porque sabes perfectamente que mi libertad es tan preciada como la tuya y es que por eso nos llevamos tan bien. Hemos nacido para acompañarnos en estas aventuras que queremos vivir juntos, mas no queremos cortar las alas que nos dejan volar libremente como un ave que, al final del día, siempre vuelve a su nido.

Niño que me gusta, antes de despedirme, quisiera agradecerte por esa paciencia que me tendrás en un futuro, porque sé que a veces no soy fácil (pero me esfuerzo para no complicar tanto la vida de otros), te digo ahora, aprovechando esta instancia, que cuando me pongo idiota basta con que me abraces fuerte (aunque te diga que no quiero, ¡no me creas!) Solo abrázame y cállame con un beso... sé que tienes el don de "aguacharme", porque no soy más que una cachorrita que busca una caricia. También te quiero dar las gracias por apoyarme en todas y cada unas de mis ideas y planes, por muy locas que sean. Compartimos ese don de soñar y de dejarnos llevar por nuestros mundos ideales que, algún día lograremos formar. Por todo eso y por todos los momentos que crearemos juntos. Gracias.

Ahora, ya puedes tomar el amor que siento por ti y hacer un buen uso de él, estoy segura que sabrás sacarle provecho y que, entre ambos, potenciaremos nuestras facultades y aptitudes para hacer nuestro paso por esta vida una estancia más reconfortante y feliz.

Quién ya siente un profundo amor y admiración por ti...
La niña que te gusta.

domingo, 7 de junio de 2015

Decido reencontrarme con la felicidad.

Doy por terminada una lucha sin saber el resultado. No me interesa seguir en pie de guerra, pero deseo que sean dos los beneficiados. Estoy tranquila y feliz. Estoy consciente que debo soltar para alcanzar la plenitud y disfrutar el pacer de vivir, es es mi meta ahora. Mi infinita capacidad de soñar (reflejada en todos mis planes e ideas) me lleva a crear mundos por los que hoy estoy dispuesta a luchar. A veces sola con mi hija, a veces acompañada de los mejores. Me hago consciente de lo que quiero y de lo que espero de mí y eso me llena de paz que me servirá para alumbrar el camino.

No me queda más que agradecer a quienes me han apoyado y me han regalado las palabras precisas durante este período de transición. Ellos saben quienes son, ellos saben porque están conmigo ahora.

Mi felicidad depende de mí. Mi vida dejó de girar entorno a otros que solo intoxican mi espíritu. Estoy aquí con una misión clara que he logrado descubrir y, por sobretodo, comprender. Estoy aquí para lograr mis objetivos, para alcanzar la belleza de vivir desde la simplicidad de la vida, desde la dulzura de una caricia, desde afecto mismo que estoy dispuesta a entregar a quienes necesiten y merecen, desde el amor profundo que estoy dispuesta a sentir para con quienes se amen a sí mismos.

Gracias, vida, por permitirme vivir todo este camino para llegar hasta aquí, ahora.... ¡¡solo sorpréndeme!!

Tierra es mi cuerpo.
Agua es mi sangre.
Aire mi aliento.
Fuego mi espíritu.